Un trio inolvidable gracias a los clasificados

Queridos amigos antes de comenzar mi relato, quiero deciros que, actualmente, mi matrimonio es un camino de rosas, pero no hace mucho, era un camino de espinas. Os lo aseguro. ¿Y, por qué? Pues, porque mi mujer sólo me dejaba follarla cómo a una chica de redtube, según ella, mandan los sagrados cánones. ¡A la mierda los sagrados cánones y a la mierda mi mujer! Yo estaba aburrido de follar sin poner imaginación en la jodienda. Me encontraba aburrido de mi mujer y harto de mi matrimonio.

La rutina estaba terminando con nuestra unión. Por lo tanto, un día me lié la manta a la cabeza y le dije:-Hay que hacer algo o nuestro matrimonio se va a hacer puñetas. Follamos y vimos chicas desnudas de modo mecánico, y así, a ti te aburren mis polvos y a mí no me apetece echártelos. Ella me respondió: -¿Y qué quieres que hagamos?-Pues hacer lo que hacen otros matrimonios que llevan años follando: Echarle imaginación o incluir una tercera persona para que anime nuestras folladas.

Reconozco que fui un poco brusco en mi planteamiento, pero o lo hacía así o terminaríamos separándonos. Me costó mucho convencerla, pero al final lo conseguí. Fue, entonces, cuando se me ocurrió anunciarme en los clasificados y publiqué lo siguiente: “Matrimonio de buena presencia, educado, limpio y formal, busca lesbiana para tríos”. Resultó, porque a los pocos días, se presentó en mi casa Elena, una tipa cojonuda que, aunque lo hubiera llevado escrito en su frente, jamás hubiese pensado que era tortillera. Pero lo era. ¡Ya lo creo que lo era!.

Yo no tardé en entrar en materia ¿Para qué perder el tiempo? Después charlar un rato, Elena se acomodó a mi lado y comencé a desnudarla, ante la mirada -casi asustada- de mi mujer. Cuando tuve en pelotas a la individua, empecé a morder su coño y a hacerle guarrerías por el culo, sin dejar de observar a mi mujercita por el rabillo del ojo para saber cómo reaccionaba. Noté que estaba cachonda de verdad. La conozco muy bien. Dejé, entonces, a Elena y fui a por mi mujer. Más que quitarle la blusa, se la arranqué. En menos de un minuto, la dejé como vino al mundo. Luego, me desnudé yo. Y empezó la fiesta. El coño de mi esposa rezumaba como nunca le había visto rezumar.

Le dije a Elena ¡ataca!. Y Elena metió su cabeza en la entrepierna de mi parienta demostrando que era una experta lamedora. Contemplar aquella lamida de coño, me puso a cien, y mi rabo creció tanto que mi mujer exclamó: -¡Vaya pedazo de polla!. Se la puse entre los labios y poco a poco se la fue tragando toda. La mamada que me hizo no la olvidaré nunca. ¡Ella, que en tantos años de matrimonio jamás me había dejado, ni siquiera, ponérsela entre las tetas, se comió todo mi rabo, me pasó la lengua por donde le dio la gana y me dejó, casi no lo pude creer, que me corriera en su boca. Su cachondez no tuvo límites y la gran culpable era Elena.

Al terminar de correrme, me llevé a las dos mujeres al dormitorio y, hechos un nudo los tres, caímos en la cama. Elena y yo lo estábamos consiguiendo. Estábamos logramos que mi mujer follara sin vergüenzas ni prejuicios de confesionario. Al parecer, eso de comerse mi polla le había gustado, porque volvió a engancharse a ella y, esta vez, lo hizo sin reparos. Me mordió el capullo, me relamió los huevos y hasta me pasó la lengua por la raja del culo. Podía haberme corrido otra vez, pero no quise. Más tarde, cuando las dos mujeres hubiesen disfrutado, me volvería a correr yo.

Me dediqué, entonces, un poquito a Elena, que no paraba de trabajarle el chocho a mi mujer. Elena tenía un trasero colosal. A mí se me había puesto en la punta del rabo, hurgar en el ano de aquel culazo y metí uno de mis dedos por él. Como la piba no decía nada, le seguí metiendo más dedos: dos, tres, cuatro… hasta que me decidí a meterla el puño entero. Ella gritó. No sé si de dolor o de gusto. Saqué, entonces, mi mano de aquel agujero y metí mi verga. ¡Qué excitación más grande! Me estaba follando a una lesbiana. Lo nunca visto. Entre tanto, mi mujer bajó como pudo hasta la entrepierna de ella y, mientras yo le daba por el culo, comenzó a morderle el clítoris. Y así, aplastados los tres, uno contra otro, nos corrimos a un tiempo.

Después de tal fenomenal corrida, caímos rendidos en la cama como guiñapos y nos quedamos dormidos hasta el amanecer. Mi mujer se despertó cachonda pérdida, así que, ni corta ni perezosa me despertó a mí y se me ofreció. Abriéndose de piernas, me enseñó su raja totalmente pringosa y me pidió que se la metiera. Yo, en aquel momento, tenía el cipote arrugado; pero, Elena, como buena amante, empezó a masturbarme hasta que me le enderezó. Y sí, entonces me follé a mi mujer como hacía muchos años que no me la follaba. Elena se conformó con masturbarse, viéndonos follar como locos. Desde aquel día, mi esposa y yo montamos estos tríos de vez en cuando y nos va muy bien.

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